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Incendios, unidad política y seguridad pública: la señal detrás de la declaración conjunta en La Moneda

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Ene 19, 2026

La declaración conjunta del presidente Gabriel Boric y el presidente electo José Antonio Kast, tras la reunión sostenida en La Moneda a raíz del megaincendio que afecta a las regiones del Biobío y Ñuble, no es solo un gesto político. Desde una lectura de seguridad pública, se trata de una señal institucional relevante en medio de una crisis de alta complejidad, donde la coordinación, la continuidad del mando y la estabilidad del sistema son tan importantes como los recursos desplegados en terreno.

Cuando un desastre de esta magnitud golpea al país, el riesgo no es únicamente el fuego. También existe el peligro de fragmentación institucional, mensajes contradictorios, disputas políticas y pérdida de confianza ciudadana. En ese contexto, la imagen de ambos líderes compareciendo juntos cumple una función clave: reafirmar que el Estado opera como un solo cuerpo frente a una amenaza común.

Emergencias complejas y continuidad del poder

Desde la perspectiva de la gestión de crisis, los incendios forestales de gran escala son eventos que ponen a prueba no solo a los equipos de emergencia, sino también a la arquitectura del poder. Hay decisiones que deben tomarse con rapidez, recursos que deben movilizarse sin fricción y mandos que deben ser reconocidos como legítimos por todos los actores.

La reunión entre el presidente en ejercicio y el presidente electo apunta precisamente a eso: garantizar continuidad, evitar vacíos de liderazgo y reducir la incertidumbre, tanto en las instituciones como en la ciudadanía. En seguridad pública, la certeza es un activo estratégico.

Seguridad pública más allá del control del fuego

Un megaincendio no se gestiona únicamente con brigadas y aeronaves. Involucra evacuaciones masivas, protección de infraestructura crítica, resguardo del orden público, control de accesos, prevención de saqueos, continuidad de servicios básicos y una comunicación clara que evite el pánico o la desinformación.

En ese sentido, la señal política de unidad también cumple un rol operativo: refuerza la legitimidad de las decisiones excepcionales, como estados de emergencia, restricciones de movilidad o despliegues extraordinarios de fuerzas de seguridad. Cuando el sistema político se muestra alineado, la capacidad del Estado para actuar se fortalece.

La dimensión comunicacional del riesgo

Otro elemento clave es el mensaje hacia la población. En contextos de catástrofe, la ciudadanía observa atentamente a sus autoridades. La confrontación política en medio de una emergencia suele generar ruido, desconfianza y, en algunos casos, resistencia a las medidas de protección.

La declaración conjunta, en cambio, apunta a bajar la temperatura política para enfrentar una temperatura ambiental extrema. Es un recordatorio de que, ante ciertas amenazas, la seguridad de las personas debe estar por sobre las disputas ideológicas.

Una señal que no resuelve lo estructural

Ahora bien, desde una mirada técnica, esta señal de unidad no resuelve por sí sola los desafíos estructurales que los incendios forestales vienen arrastrando: planificación territorial deficiente, interfaces urbano-rurales mal gestionadas, acumulación de material combustible, uso irresponsable del fuego y una creciente presión climática.

Sin embargo, sí crea las condiciones políticas mínimas para abordarlos. Sin cohesión institucional, cualquier estrategia de largo plazo se vuelve inviable.

Lectura final desde la seguridad pública

La imagen de Boric y Kast juntos no es un gesto simbólico vacío. En clave de seguridad pública, es una acción de estabilización del sistema, orientada a proteger la capacidad del Estado de responder, coordinar y decidir en uno de los momentos más críticos que puede enfrentar un país.

En emergencias de esta magnitud, el fuego no distingue colores políticos. Y la seguridad pública exige, antes que todo, unidad, mando claro y responsabilidad institucional.

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